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Archive for 25 abril 2013

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“Los apaciguadores”  (Jorge Alvarez,  Ediciones ENR) es un libro que conviene leerse, un libro que aborda el acontecimiento fundamental que ha gestado el mundo actual, la guerra de 1939-1945 y aunque el tema concreto que trata pueda ocupar un lugar secundario dentro del conflicto, el papel de Polonia, sin embargo tiene la virtud de exponer a la intemperie los objetivos reales que perseguían los américanos y los comunistas en su guerra contra los nazis y también el resultado de la torpeza política y de la obsesión belicista de Churchill que para destruir a Alemania en aquella guerra que tanto deseó, llegó aceptar la desaparición del Imperio Británico, que era conviene no olvidarlo, en 1939 la única superpotencia cuyo poder militar podía llegar a cualquier punto del planeta.

Durante estos días la lectura del libro me ha sugerido algunas reflexiones que aunque arrancaban de los años treinta y cuarenta y de la segunda guerra mundial inevitablemente terminaban situándose en los sucesos que vivimos ahora en Europa y en España.

Una de estas ideas tiene que ver con la ceguera de los dirigentes polacos tanto de antes como después del estallido de la guerra frente a un escenario internacional que eran incapaces de entender, empeñados sólo en su obsesiones nacionales y en  un patológico y estúpido odio contra Alemania, que no era ni por asomo en 1939 su peor problema ni su peor enemigo.

La ceguera polaca de 1939 se ha extendido entre quienes ahora gobiernan Europa, Merkel, Hollande o Rajoy tanto da. A Estado Unidos ni a su socio inglés le interesaba una Europa que tenía en el mercado internacional una moneda como el euro que competía con el dólar. Si para expulsar al euro es necesario provocar una recesión mundial o simplemente prolongarla, lo harán con tal de que el euro y la economía europea no sobrevivan a ella y dejen de nuevo expedito al dólar la posición hegemónica.

Está empeñada Alemania y sus socios comunitarios en cumplir con unos criterios económicos que condenan a toda Europa y no solo a los países mediterráneos a una segunda oleada de recesión económica , tan fuerte que no podrán resistir y en todo caso para esa situación está mejor preparado USA y sus socios anglosajones de Reino Unido, Canadá y Australia. De Alemania parece haberse apoderado el espíritu del tendero, un tendero amedrentado por el gran usurero cuya capital está tanto en Nueva York como en Londres.

Los actuales dirigentes europeos de ahora como aquellos polacos de 1939, no ven los problemas reales que tienen, se equivocan de enemigos y de amigos y parecen empeñados en seguir políticas, en este caso económicas, que conducen inevitablemente a la ruina que pretenden evitar.

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Centrados frecuentemente en la autocrítica del sector neofascista español olvidamos a menudo dirigir nuestra mirada hacia fuera, hacerlo de vez en cuando es más que recomendable, por ejemplo al área de la extrema izquierda.

Parece en buena lógica que el republicanismo es la idea fuerza con más potencial con la que cuentan los militantes de la izquierda más radical. Nunca ha tenido la idea republicana unas circunstancias tan favorables, el descontento de la base social de la izquierda por la crisis económica, junto con el desprestigio del rey, cuya figura está rodeada e implicada por escándalos de corrupción que han dejado en mínimos una popularidad que cuando existió fue más obra de los medios de comunicación que de una opinión generalizada de la población, todo ello parece garantizar la posibilidad de que la República se alce como bandera de un cambio político.

Pero desde la visión de la extrema izquierda “República” significa reeditar ahora en el siglo XXI aquella segunda república de los años treinta del siglo XX, o para ser más preciso el frentepopulismo de la ultima época republicana y de los gobiernos de la guerra. Lo primero que llama la atención es este empeño en planteamientos políticos tan antiguos, de un radicalismo anacrónico difícilmente asimilable por la sociedad actual, querer revivir el tiempo de la Pasionaria y Durruti implica como precondición un alto grado de perturbación psíquica. Por eso para la inmensa mayoría le resulta incomprensible y ajeno, no entienden y prefieren no entender nada de ese republicanismo y no me refiero si quiera a la totalidad de la población sino a las bases sociales de la izquierda; para el votante de izquierdas medio el republicanismo ni le emociona, ni le interesa, ni le incumbe. Como impostura de la extrema izquierda el republicanismo ha adquirido naturaleza folclórica. Por eso es poco más que un acompañamiento de banderas en las movilizaciones en la calle: la fascinación sentimental e inculta de un folclore minoritario.

La cuestión es porqué la extrema izquierda ha renunciado hacer de la idea de una república moderna y posible el leitmotiv de un cambio político al que se sumaría una parte muy importante del electorado de izquierdas, la mayoría probablemente. La respuesta de esta cuestión revela la verdadera naturaleza de la extrema izquierda en España. Y es que no se trata de una alternativa política con un programa neocomunista o neomarxista capaz de aprovechar una situación de crisis del sistema como por ejemplo ha ocurrido en Grecia o en Francia. El sector de la extrema izquierda en España está tutelado por el separatismo desde desde finales de los 80 y ha hecho de la desaparición de España como estado nacional, el núcleo duro de su ideología y su aspiración fundamental. Queda claro entonces porque ni ellos mismos pueden tomarse en serio “La III República”, para ello deberían de creer antes en la unidad de la nación y en la unidad del pueblo español, que ellos detestan a cambio de un proyecto de división y fragmentación del Estado, que es el que han asumido a través de sus mentores del separatismo aberchale y del separatismo catalanista.

En este sentido cobra toda su significación la financiación de la plataforma anti-deshaucios de Ada Colau por CIU y el tripartito, o que la coalición de grupos de extrema izquierda Alternativa Internacionalista que se presentó con cierto éxito en la elecciones europeas del 2009 estuviera promovida y financiada por ETA. Todavía más revelador si cabe es como la extrema izquierda ha dejado morir el movimiento del 15-M, que por su características de reivindicación común en todo el territorio español era contraproducente para la estrategia del separatismo, que no admite que las mismas reivindicaciones que habían surgido en Madrid se extendieran a Barcelona o Bilbao.

También desde esta perspectiva resulta esclarecedora  la trayectoria de Izquierda Unida, que no ha dejado de ser el suburbio político en una regiones del PSOE y en otras del partido separatista de izquierdas local. Desde Julio Anguita carece incluso de un líder y de un discurso nacional. Llamazares y Cayo Lara han cumplido a la perfección su papel de figuras anodinas y prescindibles.

La extrema izquierda en España no existe como tal, es un pelele del separatismo que se lleva a pasear a las manifestaciones un bandera republicana. La III República es su anécdota folclórica. Por ese lado de la extrema izquierda, el sistema puede estar tranquilo incluso en medio de esta crisis… y los servicios de información y policiales satisfechos de su labor. Porque en todo esto hay una variable oculta que es la actuación también dentro de la extrema izquierda, como ha ocurrido en nuestro sector, de agentes infiltrados.

Que raro todo lo que sucede en España, casi es el único país de Europa en que no existe contestación al sistema, ni por la extrema izquierda ni desde una alternativa neofascista y esto cuando el sistema está sumido en una crisis política, social y económica sin precedentes y cuando desde dos regiones, Cataluña y Vascongadas se anuncia la excisión inminente . Sorprendente, pero cierto.

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La economía española no levanta cabeza, no sería acertado decir que va de mal en peor, pero sigue igual de mal, muy mal. Es eso lo que le viene a decir la Comisión Europea al Gobierno Español en el informe que estos días han difundido los medios de comunicación. Rajoy ha hecho como ese mal estudiante al que el profesor le advierte que si sigue así va a suspender. Entonces el alumno hace que pone atención en clase, hace que se esfuerza en estudiar y hace que le interesa la asignatura. El profesor observa este cambio del alumno con cierta esperanza, le dura poco en seguida comprende que el alumno, ni estudia, ni tiene interés ni comprende nada de la materia y lo que es peor ahora el profesor sabe que no sólo es un mal alumno sino que no va cambiar y pretendía engañarle.

En España está extendida la idea de que está crísis es esencialmente culpa de las imposiciones económicas de Alemania, que están ahogando nuestra economía y la de los países del Sur. También en nuestro sector esta opinión ha calado. Pero es completamente falsa.

Alemania no es culpable de que tengamos diecisiete autonomías, de que no se haya reformado un sistema de pensiones que es insostenible desde los años noventa, de nuestra sanidad pública gigantesca, de los millones de funcionarios perfectamente prescindibles, del saqueo de las cajas de Ahorro por los políticos, de la absurda burbuja inmobiliaria y de haber dejado meterse en España a ocho millones de inmigrantes y del empobrecimiento de los ciudadanos y a las empresas por unos impuestos desmesurados. No tienen la culpa ni Alemania, ni Europa ni Frau Merkel. Más aun si no fuera por el Euro y el interés obvio que Europa tiene en que España no se vaya al traste, nuestra situación sería en estos momentos aproximadamente la de Argentina, corralito incluido.

El problema es nuestro, nuestra perdición la hemos labrado nosotros solos, con este sistema político que es una ruina y una estafa, que se envuelve de mentiras que un pueblo bastante simple, muy inculto y sin ninguna dignidad ha comprado en envoltorios de palabrería, que antes de la crisis se llamaba “socialdemocracia” y “estado del bienestar” y ahora “salida social de la crisis”.

Donoso Cortés explicaba hace siglo y medio a una Europa también en crisis que las cuestiones económicas no son lo verdaderamente importante. Aquel español pesimista y de salud quebrantada que tenía por amigos al Káiser Fedérico Guillermo y también a Napoleón III , añadía que además también a diferencia de lo que creen los políticos las reformas económicas son muy difíciles de realizar con éxito y a menudo imposibles precisamente en tiempos de crisis. Hitler un siglo después era de la misma opinión y en esta valoración de lo económico reconocía la intelectual judía Hannah Arendt un aspecto indiscutible de la talla política del caudillo del Nacionalsocialismo. Hitler cuando llegó al poder no se propuso cambios económicos revolucionarios, se acogió al viejo sistema del capitalismo Guillermista con el que había funcionado Alemania. Nunca lo entendió el ala izquierda del partido. Pero el sabía que lo esencial era cambiar el sistema político, una vez realizado este, la maquinaria de la economía quedaría subordinada al nuevo Estado, entonces y sólo entonces sería el momento de abordar los cambios sociales y económicos. Es eso justamente lo que hizo Hitler.

La crísis reside en el caso de España en el sistema político de 1978, para entenderlo basta contemplar las actuaciones del hombre del sistema que es ahora Rajoy, todas ellas van encaminadas más a preservar la existencia este sistema político que a lograr una mejora de la situación económica real, de aquí que al final casi todo se ha reducido a subir todavía más los impuestos y evitar que aumente el gasto de las administraciones públicas.

Si aquel trujamán que fue Serrano Suñer dijo que “Rusia es culpable” y ciertamente tenía entonces razón,  hoy por más que resulte cómodo subirse al balcón del populismo oficial de la izquierda no es cierto que de esta crísis “Alemania es culpable”.

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