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Archive for febrero 2013

Julio Ariza, fundador del grupo Intereconomía.

Julio Ariza, fundador del grupo Intereconomía.

El caso de intereconomía resulta bastante paradójico al menos aparentemente. Para empezar hay que reconocer que la iniciativa de Julio Ariza es singular en la historia reciente de España. Se trata del único grupo de medios de comunicación que nace con una definición clara y rotunda de ideología de derechas. Desde la transición existe una urdimbre de grupos de comunicación instalados en la izquierda o a lo sumo en un centrismo preocupado siempre por alejarse de cualquier postura que pudiera etiquetarlos como de derechas. Si el grupo Prisa ha sido el referente del dominio de la izquierda en los massmedia, el diario el Mundo representa sin duda ese centrismo periodístico que se cobija en la cantinela democrática y cuya aspiración frustrada está en una desconocida izquierda moderada que asumiera sin recatos la ideología liberal.

Si revisamos la actual situación de los medios de comunicación hay que constatar que dos grupos Planeta y Mediaset (telecinco, la sexta y alrededores) gozan de una superioridad indiscutible, a su sombra ha quedado en una posición de segundones la antaño todopoderosa Prisa y el grupo mediático de Pedro J. Ramírez. Que en este panorama las televisiones generalistas destilen permanentemente en su programación una propaganda gruesa y populista pero inequívocamente de izquierdas nos indica sin lugar a dudas que “ser de izquierdas” es lo socialmente admitido. Es simbólico también el triste devenir del que fuera el periódico por antonomasia de las derechas, el ABC, muy disminuida su influencia política y casi irreconocible ideológicamente.

Que en pleno zapaterismo Julio Ariza levantara con éxito un proyecto global con radio, televisión, diario tradicional de papel, junto con las correspondiente plataforma internet y que además lo lograra en medio de una recesión económica sin precedentes permite hablar de hazaña empresarial y sobre todo humana. Si a esto le sumamos su posicionamiento de derechas, de una derecha identificable y nítida, es evidente la excepcionalidad que representa Interconomía. Pero aún hay algo más, desde Intereconomía se ha expuesto una critica de fondo al sistema político del 78, al “establisment” inamovible que se consolidó en la transición, muy especialmente se ha cuestionado el sistema de partidos políticos y el estado de las autonomías e incluso ha manifestado la necesidad de un cambio sociológico, si se quiere moral, justo en la dirección contraría a la que ha sido la deriva de la sociedad española desde que se impuso este sistema llamado democrático. Es verdad que la posición de Intereconomía nunca ha sido de ruptura o de revolución frente al sistema sino de reforma, pero ello es lo normal en un proyecto que está ubicado en la derecha ideológica y social. Así cobra pleno significado la presencia y el papel destacado en Intereconomía de algunos “malditos” para el sistema como es el caso de José Javier Esparza o de Eduardo García Serrano y también en otro orden de Juan Manuel de Prada.

La amarga paradoja para Julio Ariza es que expulsado del poder el PSOE se hayan puesto de acuerdo el Partido Popular y la Iglesia para provocar el naufragio de Intereconomía, cuando ambos dos tuvieron aquí uno de los escasos bastiones donde defenderse de la hegemonía mediática del socialismo durante los largos años de Zapatero. Intereconomía: hay un camino a la derecha… o no; y Rajoy y la conferencia episcopal han dicho que no.

Desde esta tronera fascista le deseo sinceramente a Julio Ariza que logre salvar Intereconomía y que visto lo visto se aplique el consejo por muy de derechas que sea y le cueste de aquel genio que fue Ramiro Ledesma, “Fuera de las sacristías y lejos de los sacristanes” y también aquella otra rogativa fascista de la Falange de José Antonio “Dios mio apartame a los de la CEDA (o sea el PP) que a los rojos ya los aparto yo”.

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La lección de Mishima.

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Una de las historias más antiguas conocidas es la de Gilgamesh, el héroe sumerio. Es tan antigua que en la Biblia se habla de él y cuando se escribió el Génesis ya hacia siglos y siglos que la memoria de los sumerios se había borrado del recuerdo de los hombres. Gilgamesh era fuerte, un guerrero joven y poderoso, a nada temía. Pero un día en una de sus aventuras contempló la muerte de su mejor amigo y entonces una sombra terrible se cernió sobre su espíritu que no era el dolor ante la perdida irreparable del camarada, fue el terror a la muerte, a su propia muerte. Perdió la soberbia, desapareció de él la temeraria intrepidez y hasta el deseo sexual se marchitó. De campeón invencible pasó a ser un hombre desesperado y aterrado ante la idea de la muerte. Aconsejado por sus dioses inició la búsqueda de la inmortalidad, en ese afán recuperó el dominio de si mismo y “miró la profundidad de la vida”, aunque desde luego no logró la inmortalidad.

Sin embargo aunque esta historia es hermosa y encierra una sabiduría primigenia y Gilgamesh fuera un héroe para los sumerios y los babilonios y todas aquellas gentes de aquel mundo tan arcaico y lejano no veo nada heroico en Gilgamesh. Y también pienso que Mishima no estaría muy a favor de él y no le hubiera aceptado a pesar de su poderío físico en el Tate No Kai, “la Hermandad de los Escudos”.

El camino de Mishima estaba allí donde nunca llegó Gilgamesh. Mishima poseía esa rara facultad entre los hombres que es “ver la verdad”, que es más y distinto que aquello que decía el poema sumerio con las palabras “miró la profundidad de la vida”.

Mishima quiso fraguar en su propia vida el deber y el honor sin los cuales no existe heroísmo. El hombre que por las noches escribe “las palabras una a una, sopesándolas igual que haría un farmacéutico con sus drogas sobre una balanza sumamente sensible, para después unirlas en novelas interminables», durante el día se somete a un arduo entrenamiento en el gimnasio siguiendo la disciplina de las artes marciales. Para un hombre así resultaba intolerable la sociedad de la mentira que los vencedores americanos habían impuesto en Japón. Este mundo de los hombres sin verdad es el que hoy perdura no sólo en Japón sino también en Europa.

Vivimos en un mundo artificial donde los hombres que siguen al rebaño se han acostumbrado a tratar con sombras y a sobrevivir con mentiras, por eso advertía Mishima que el Sol sería a partir de entonces considerado por la sociedad un enemigo: “Pero ya desde el fin de la guerra, empece a sospechar que venían tiempos en que tratar el Sol como enemigo, equivaldría a seguir al rebaño”.

Cuando Yukio Mishima irrumpe en un cuartel del ejercito japonés junto con un puñado de sus camaradas del Tate No Kai para recordar a los militares nipones que un hombre no puede aceptar la muerte de su patria a cambio de su vida y que cuando ese hombre viste un uniforme tal infamia es todavía más repugnante y le aleja definitivamente del camino del deber y del honor, no debía guardar muchas esperanzas de que aquellos militares se sumaran a un alzamiento contra el régimen. Tenia pues asumido que aquel acto tendría por final su propia inmolación, era lo que exigía la antigua tradición militar de Japón pero también lo que a él a si mismo se exigía, lo que dictaba el alma de aquel hombre que amaba la verdad.

Ante el llamamiento de Mishima aquello militares japoneses hicieron lo mismo que llevan haciendo los militares españoles desde hace años, muchos años, mientras los políticos tiran a España por la alcantarilla de la historia: nada. Ser militar hoy en España es ser una sombra que viste la sombra de un uniforme.

Mishima en aquel cuartel fue un héroe, como lo fue general Moscardó mientras escuchaba en el Alcazar a través del teléfono, la voz quebrada de su hijo Luis. Mishima fue un héroe como lo fue José Antonio encerrado y solo, absolutamente solo, entre los muros de la cárcel de Alicante. Respecto a nosotros en estos tiempos, si no somos héroes al menos no formemos parte del rebaño de los hombres sin verdad, sin honor y sin deber.

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