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A finales de la pasada década el profesor de la Universidad de Tel Aviv Shlomo Sand publicó un libro que convulsionó a la sociedad israelí y a la comunidad judía internacional hasta el punto de convertirse en un éxito editorial que se propagó por Estados Unidos y Europa. La obra titulada “La invención del pueblo judío” planteaba que la población judía o al menos la inmensa mayoría de ella, los askenazí, no es descendiente de los judíos que habitaron el Israel bíblico sino que tiene su origen en un antiguo pueblo no semita de etnia turca, los jázaros o kázaros, convertidos al judaísmo entorno al año 800 de nuestra era.

Los Jázaros constituyeron un Estado independiente durante más de doscientos años, su territorio ocupaba una amplia extensión al norte del Caucaso, entre el mar Negro y el mar Caspio. A principios del siglo XI el reino jázaro desaparece y este pueblo se dispersa constituyendo contingentes de emigrantes que se dirigen hacia Occidente y hacia el imperio Bizantino, estas gentes con mejor o peor fortuna se establecen en los distintos reinos medievales para constituir las comunidades judías de Europa Oriental y Central, los judíos de linaje askenazí. El profesor Shlomo Sand aportaba para sostener sus tesis un contingente de pruebas historiográficas y arqueológicas que avalaban la ascendencia jázara de los askenazí. Además el historiador sostiene que la diáspora aplicada por Roma, tanto la primera tras la destrucción del templo en el año 70 como la última ordenada por Adriano tras la rebelión del año 132, sólo afectó a una parte minoritaria de la población, la inmensa mayoría permaneció en aquel territorio y son de quienes descienden los palestinos, que serian a la postre los israelitas originarios que tras la invasión árabe se convirtieron mayoritariamente al Islam. No cabe duda que toda esta revisión de los orígenes del pueblo de judío suponía cuestionar alguna de sus creencias más profundas que atañen a su expulsión histórica y a su derecho para retornar y crear el moderno Israel.

Al final del siglo XIX, antes de que se produjeran las dos grandes guerras mundiales, antes de que el sionismo se convirtiera en una poderosa corriente, antes de la Shoá, antes de la creación del Estado de Israel, la distribución de la población judío era muy distinta a la de nuestros días. Alemania y el Imperio Austro-Hungaro, las naciones eslavas y principalmente el imperio Ruso albergaban una considerable población judía. Los judios de occidente y los que mal vivían en las aljamas islámicas eran una fracción menor. Fueron además estos judíos germanos y eslavos los que protagonizaron la gran emigración a América, principalmente hebreos rusos, de los cuales alrededor de tres millones llegaron entre 1890 y 1920 a Estados Unidos .

Si Shlomo Sand ha acertado con su tesis, será necesario admitir que la mayoría de los ciudadanos de Israel y de la población judía mundial no son descendientes del pueblo elegido, de aquellos hebreos que condujo Moises a la Tierra Prometida, sino de un pueblo turco o caucásico que en los albores de al edad media se convirtió en masa a la religión de la Torá y del Talmud. Tal teoría tiene por añadidura la virtud de explicar el porqué de una distribución geográfica que hace que desde al edad media y moderna la inmensa mayoría de los judíos estuvieran asentados en Rusia y en las naciones eslavas y germánicas, mientras que en Europa occidental sus contingentes fueran una fracción menor. Pero la investigación sobre los jázaros del profesor Shlomo no es ni mucho menos un descubrimiento original, en los años setenta del pasado siglo un intelectual de reputada fama en la izquierda, Arthur Koestler, había identificado la ascendencia de los askenazí con los antiguos jázaros.

Periodista y escritor, Arthur Koestler era húngaro de origen judío; su vida fue un carrusel de viajes

y de adhesiones a ideologías políticas que acabó rechazando. Abrazó en su juventud, durante los años veinte, los ideales del sionismo con tanto entusiasmo que a pesar de pertenecer a una familia acomodada marchó como colono a un Kibutz en Palestina. A su regreso a Europa dejó de interesarle la causa sionista y se trasladó a Alemania para ampliar los negocios familiares, que abandonó para convertirse en periodista. Posteriormente se trasladó a Francia e ingresó en el partido comunista. Participó como espía a favor de la república en la guerra de España, pero aquella experiencia desembocó en una crisis política y personal, se transformó en un convencido anticomunista pero también en escritor de fama mundial por su libro “El cero y el infinito” en el que denunciaba las purgas del estalinismo. Tras la segunda guerra mundial se instaló definitivamente en Inglaterra, adquirió la nacionalidad británica y se interesó por temas históricos y científicos, abandonando definitivamente sus anteriores inquietudes políticas. Más tarde se ocupó del mundo de las religiones y lo esotérico, viajó a la India y al Japón y fue uno de los pioneros de la parapsicología. En el ocaso de su vida aborda de nuevo un tema, el de los orígenes del pueblo judío, que le devuelve a las inquietudes de su juventud. Escribe en 1971 “The Thirteenth Tribe : The Khazar Empire and Its Heritage”. Koestler pone en entredicho la idea de que el proselitismo es ajeno a la religión judía. El judaísmo no sólo pudo competir con el cristianismo y el islam en la conversión de turcos y eslavos, sino que existió un estado judío tan poderoso que dominó un amplio territorio, se enfrentó con éxito a los árabes y bizantinos y durante siglos controló la ruta de la seda.

Conviene en este punto indagar sobre las ideas de Koestler. Tras su participación en la guerra de España y el cataclismo de la segunda guerra mundial se había convencido que la democracia occidental colmaban la aspiración humana a la libertad y una vida prospera. Atrás quedaban sus veleidades comunistas pero también aquel fervor sionista de su primera juventud. Era judío de origen pero se había transformado por adopción y convicción en inglés y consideraba que en una sociedad moderna los judíos debían integrarse en la nación en la que residían, abandonando su status de minoría aislada. Los judíos debían dejar de ser judíos, para ser solamente ingleses, americanos, franceses y aquellos que desearan permanecer en la tradición hebrea no deberían tener otra opción que emigrar al nuevo estado de Israel.

Koestler explicaba la historia del antisemitismo como una reminiscencia del fanatismo religioso que provenía de al Edad Media, del tiempo del conflicto entre el cristianismo, el islam y el judaísmo. Aspiraba a que la discriminación y la persecución de los judíos quedará definitivamente superado en el mundo moderno y la sociedad democrática. En realidad Koestler que conocía bien la obra Ernst Renan, retomaba la ideas que un siglo antes había expuesto el pensador francés.

Renan había leído en la Sorbona en 1882 su famoso discurso “¿ Que es una nación ?”, cuyo eco llega a nuestros días y en el que expone la concepción plebiscitaria de la nación, la que se ajusta al ideal democrático que provenía de la revolución francesa. Justo un año después en 1883 pública un ensayo titulado “Le Judaïsme comme race et religion “ en el que cuestiona que los judios constituyan una raza como tal que ha perdurado a lo largo de los siglos y de las sucesivas migraciones. Renan valoraba como un logro para él irrefutable de la Repùblica Francesa, la integración como ciudadanos iguales al resto de los franceses de las dos minorías objeto de la inquina y persecución antes de la revolución, los protestantes y los judios. Durante el antiguo régimen sobre los protestantes recaía siempre la sospecha de traición al Rey y de servir a los intereses de Holanda y de Inglaterra, en cuanto a los judíos su mala fama de usureros y explotadores de los más humildes estaba tan arraigada en Francia como en cualquier otra nación de Europa. Renan ideólogo de un nacionalismo liberal y además anticatólico contemplaba con preocupación la difusión del antisemitismo moderno. Había escrito una voluminosa “Historia de los orígenes del cristianismo” que era una crítica radical a la religión y posteriormente trabajó en una historia de judíos, por ello era conocedor de la existencia un libro hebreo del siglo XII “El Kuzarí” , es decir “El Jázaro”. Su autor fue Judá Leví, médico, místico y poeta sefardí, nacido en una de la más famosas juderías de la España musulmana, la de Tudela entorno al año 1070. La obra originalmente escrita en árabe, que era el idioma común entre los judíos, es una apología de al religión judía, en la que en forma de diálogo el propio autor convence al rey de los jázaros de la superioridad del Judaísmo frente la Islam y le Cristianismo, convirtiéndose este finalmente a la fe mosaica. Este libro parecía una prueba solida de la conversión de los jázaros al judaísmo y así lo interpretó Renan, después sólo le restó identificar a los askenazí, los judíos del Este de Europa, como descendientes de este pueblo.

¿ Fueron los jázaros de religión judía?. Como no quedan testimonios propios de este pueblo, hay que recurrir a las fuentes musulmanas y bizantinas. Los textos árabes se refieren a los kázaros o jázaros como un pueblo pagano y belicoso que nunca pudo ser sometido y convertido al islam, pero tampoco dicen que fueran ni cristianos ni judíos. Los griegos y los armenios establecieron alianzas con los señores jázaros y participaron en campañas militares conjuntas contra los árabes, pero en sus crónicas no se dice nada explícitamente sobre la religión que profesaban; nombres de algunos príncipes o reyes jázaros provienen del Antiguo Testamento, pero siendo así no hay forma de discernir entre judaísmo y cristianismo, en todo caso como prueba resultaría insuficiente. En realidad se sabe muy poco de los jázaros, asignarles una religión nacional, pagana, judía o cristiana, no es algo que se pueda acreditar con el conocimiento que actualmente se tiene de este pueblo.

En cuanto Judá Levi nunca viajó al antiguo país de lo jázaros, que había desaparecido antes de que el naciera y tampoco se aproximó ni remotamente al Caúcaso ni a las estepas inmensas al norte del mar Negro. Su vida era la de un médico itinerante en las cortes de las taifas musulmanas de España, se estableció por temporadas en los reinos de Zaragoza, de Córdoba y de Granada. El prestigio de los médicos hebreos y la influencia de los visires y consejeros de origen judíos facilitaban estos traslados de una corte a otra. En todo caso su fama fue extraordinaria como médico y hombre sabio, tanto es así que estuvo afincado durante un tiempo en Toledo, recién reconquistada Alfonso VI, que se interesó personalmente por él.

En los años de su madurez Judá Levi tuvo que contemplar como se desmoronaba la paz y la prosperidad de las juderías en la España islámica por causa de los nuevos conquistadores almorávides. Fue en esta época, entorno a la década de 1130, cuando escribió “el Kuzarí”, una apologética del judaísmo frente a cristianos y musulmanes, estos último transformados de tolerantes protectores en una amenaza para la supervivencia de los hebreos en España. Si Arthur Koestler abrazo en su juventud el ideal sionista y marchó hacía la tierra bíblica de Israel, Judá Leví realizará ese viaje cuando es ya un hombre mayor, en torno a 1140 se embarca en una nave en Sevilla que le llevará tras meses de arriesgada navegación a Alejandría. Agasajado por la prospera comunidad judía de Egipto demoró durante un tiempo el viaje a la Jerúsalen anhelada Lo ricos hebreos de oriente competían por ser anfitriones del sabio de Sefarad y le acogían ofreciéndole unos lujos más propios de un príncipe árabe que de un rabino. Su estancia en Egipto se prolongó durante meses, quizás años, pero día tras día su conciencia le recordaba aquellos veros que escribió antes de partir de España:

Estoy encantado de dejar atrás

todos los placeres de Sefarad,

sólo con tal de ver

el polvo y las ruinas de tu Santuario.

Sabemos que Judá Leví se embarcó en una nave en Alejandría que debía conducirle hasta San Juan Acre, su intención era desde allí llegar a la Ciudad Santa. Pero a partir de ese momento desaparecen los testimonios fidelignos y surge la leyenda como único testigo del pasado. Tras un agotador viaje que consumió su débil salud, alcanzó a contemplar Jesrusalen. Lo que vieron sus ojos fue una gran ciudad cuyas murallas están jalonadas por los estandartes de los cruzados; donde se alzaba el Templo hay una planicie extensa en la que destaca el edificio majestuoso, mitad iglesia, mitad palacio que había sido antes de la conquista cristiana la mézquita de Al-Aqsa, la llamada Cúpula de la Roca. El anciano, que como judío tiene prohibido entrar en la ciudad, camina casi sin fuerzas, lentamente, paso a paso, siguiendo el rito consistente de rodear el perímetro de la ciudad .Se detiene en cada puerta que encuentra, para orar mirando a Jesrusalen. Es entonces cuando un jinete árabe, que cabalga al galope para entrar en la ciudad, lo arrolla y pone fin a sus días.

Sefardí, significa judío de Sefarad y Sefarad es España en su lengua. Askenazí significa judío de Asquenaz, que es como ellos denominaban a Alemania, al país de los germanos. Nada permite afirmar con seguridad que el reino jázaro fuera un estado judío: los jázaros pudieron ser judíos ciertamente y también cristianos o quizás permanecieron fieles a su religión primigenia, de la que apenas sabemos nada como ocurre por lo general en todo lo relacionado con este pueblo, que desapareció en los albores del siglo XI sin dejar rastro. Lo que sí es cierto es que Renan, Koestler y Shlomo Sand tenían como fundamento para explicar su teoría del origen de los askenazí un libro escrito en árabe en el siglo XII por un sabio sefardí de la España musulmana en el que defendía la superioridad de su religión y relataba la conversión al judaísmo de un imaginario rey de un país tan lejano como desconocido.

Los tres escritores perseguían desligar la identidad racial de la cuestión judía. Además comparten un pensamiento político democrático que asigna a la religión una importancia secundaria dentro de una sociedad secularizada, el problema histórico del judaísmo quedaría así superado en su doble faz étnica y religiosa. Lo judíos vendrían a ser unos occidentales más con una tradición religiosa distinta de la cristiana. Que para tal propósito se hayan servido de la obra un hombre que vivió hace muchos siglos, Juda Leví, que hizo de su raza y de su religión los dos anhelos que dieron sentido a su existencia, resulta paradójico pero también infundado históricamente.

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La elecciones de departamentales francesas han traído al Frente Nacional un gran logro al convertirse en la segunda fuerza política de Francia pero también una vez más la frustración de no alcanzar el poder. En muchos departamentos han superado el 40% de los votos y en conjunto de al nación uno de cada cuatro franceses vota al Frente Nacional, pero no gobernarán ni una sola de las 101 provincias (departamentos) en que se divide Francia.

La división izquierda-derecha desaparece en presencia del Frente Nacional para convertirse en una amplia mayoría que impide el triunfo del Lepenismo. De izquierdos o de derechas los políticos siempre advierten a la sociedad francesa que la primera prioridad es derrotar al Frente Nacional y una y otra vez la inmensa mayoría de los franceses se alinean con esta postura. El Frente Nacional es percibido por esos ciudadanos como un amenaza para la República. Pudiera sorprender que un partido como el Frente Nacional que hace del patriotismo su razón de ser no tenga cabida en la República Francesa, régimen europeo por antonomasia del nacionalismo. Pero es que la Nación por más que se empeñen en los libros de bachillerato, no se un descubrimiento de la Revolución. Existía una Francia anterior a 1789, una nación europea, católica, tradicional y monárquica. El espíritu de aquella otra Francia ha pervivido durante la era republicana primero en la Acción Francesa de Carlos Maurras y ahora en el Frente Nacional de los Le Pen. Dos movimientos políticos separados por un siglo que ha contemplado como Francia ha sido protagonista en dos guerra mundiales, como ha perdido el segundo imperio colonial del mundo y como ha sufrido después un invasión poblacional sin precedente de árabes y africanos que la han cambiado dramáticamente hasta hacerla irreconocible.

Juana de Arco, fué el referente para el patriotismo de Acción Francesa y lo es para el Frente Nacional, símbolo ejemplar de una Francia anterior a la República, con un alma distinta de aquella que surgió tras la Revolución y es el republicanismo social, hijo de esta, quien siempre se moviliza contra Le Pen, al igual que antes se mostró también impermeable a Acción Francesa. Detectan que el Frente Nacional y sus seguidores, por más que abrace la bandera “bleu, blanch and rouge”, pertenecen al bando antirepublicano, su estirpe es la misma que la de aquellos ejércitos Vandeanos irremediablemente derrotados. La condición para el triunfo del Frente Nacional pasa necesariamente por el derrumbe de la República, mientras esto no suceda podrá sobrevivir el Frente Nacional como partido y hasta lograr ciertos éxitos electorales, pero no dejará ser un movimiento al margen del poder y al que estará vedado el gobernar Francia. En este sentido el discurso antieuropeo y antiinmigración ha sido útil para llegar hasta aquí, pero en adelante es una vía sin continuidad. Sirviéndose de un politicastro como es Sarkozy, trasunto de un Napoleón de monigote, la derecha republicana se ha hecho también antiinmigración y explica, no sin razón, que el triunfo del anti europeismo supondría que Francia abandonaría el lugar de privilegio internacional que ocupa.

¿Será capaz el Frente Nacional de ir más allá de dónde ha llegado ?. ¿ Será capaz de lanzar un programa político más allá del populismo anti imigración y anti Europa ? ¿ Cuestionará doscientos años de republicanismo? ¿ Abandonará el chauvinismo por un proyecto Europeo ?. De momento todo parece indicar que no. Más que a la memoria de Juana de Arco ahora le convendría a los dirigentes del Frente Nacional acudir al recuerdo de La Rochejaquelein.

Berlin, Parade von Kampfgruppen zum Mauerbau

Es el cinco de Mayo y hay misa de difuntos, la campanas de la catedral de Münich claman solemnes y tristes y bajo ellas centenares de hombres entran en el templo para escuchar el oficio por el emperador y los camaradas caídos en la guerra. Están allí como todas las primaveras, cargados años, de amargura, de recuerdos. Hace tiempo fueron soldados del ejercito más soberbio que ha conocido Europa. Cinco de Mayo, como golpea esa cifra en la cabeza de cada unos ellos, cada tañido de la campanas dice “cinco de Mayo”, la fecha en que entregó su alma Napoleón en la isla maldita de Santa Elena.

Fueron millares los soldados alemanes que combatieron bajo las águilas del imperio, la Confederación del Rhin reunió a media Germanía bajo la égida del emperador. Pero la derrota de Francia y con ella el restablecimiento del viejo orden monárquico y conservador entregó en manos de Prusia los destinos de Alemania en detrimento de la católica Baviera. He aquí los dos almas de Alemania protestante y católica, absolutista, militarista y aristocrática aquella, europea, pacifica y demócrata esta. Mientras desde el Rhin latía un corazón moderno y europeo en la llanura prusiana la aristocracia miraba anhelante a una Rusia feudal pero poderosa.

Prusia y Rusia, en español suenan muy parecido. Y es que el nacimiento y ascenso de ambas potencia está íntimamente relacionado. Prusia se convierte en un reino independiente aprovechándose de los despojos que va dejando en sus vecinos el expansionismo de los rusos desde los días de Pedro I, en los albores del siglo XVIII. A cambio de mantenerse al margen, cada victoria de Rusia, cada dentellada de los zares sobre Suecia o Polonia, sobre Lituanos o los Fineses, Prusia se hace más fuerte. Para los zares resultaba una bendición incalculable aquella nación poderosa, aunque no tanto como Rusia, beligerante siempre contra la odiada Europa. Hasta la primera guerra mundial todos los conflictos bélicos de Prusia fueron contra Europa y casi siempre contando con Rusia como aliada o con al menos la garantía de que no sería agredida por la espalda mientras sus ejércitos peleaban en occidente. Sí, ciertamente Rusia y Prusia suenan muy parecido.

Bismarck pudo elegir la unidad de Alemania junto con Austria y con Europa a favor y Rusia en contra pero decidió que Austria quedaría fuera de la unidad alemana y que el Reich nacería con el beneplácito del Zar y muy a pesar de Franceses e Ingleses. Primero fue la guerra contra Austría de 1886 que destruyó la Confederación Germánica y expulso a Austria del proyecto alemán. Después vino en 1870 la guerra contra Francia, cuyas consecuencias fueron la semilla de la gran guerra.

El último capítulo de la historia de Prusia, ignominioso, fue transformarse en una nación lacaya de Rusia, con el nombre mas falso que largo de República Democrática Alemana. Así se entiende el comportamiento de Frau Merkel ante la crisis y posterior guerra de Ucrania. Entenderse con Rusia, evitar por todos los medios el enfrentamiento con el zar de turno, ahora Putin, dejar que trituren a otras naciones del este y si es posible beneficiarse de los pueblos victimas del gran imperio ruso. No, no es Frau Markel y Alemania la que ha provocado el levantamiento del pueblo ucraniano. Los ucraniano se han alzado contra la tiranía que les tenia sometidos a Rusia y eso muy a pesar de Merkel y su política prorusa, reedición de la vieja la tradición prusiana.

Como los jünker que facilitaron en 1917 a Lenin y a los bolcheviques su triunfo porque así pensaban que aplacarían a Rusia, hoy vemos como Merkel y su secuaz francés toleran que Putin dibuje las fronteras de Europa en la carne del pueblo ucraniano. La naciones envejecen, pasan de la prosperidad a la penuria, caen y se levantan, pero a veces se asemejan a los bueyes, avanzando siempre por el mismo surco de la historia, sobre el pasan una y otra vez, siglo tras siglo.

Contra la República.

tercios

La República es la institución política por excelencia del mundo moderno, el estado republicano está al servicio del materialismo, el individualismo, la deshumanización y el ateísmo. Con la República viene la profanación de la identidad tradicional de Europa y de España,  tal fué la ola destructiva que se desencadenó con la revolución francesa y cuyo gran logro consistió en la desaparición del Imperio Español, escudo y espada de la cristiandad durante más de trecientos años.

Aquel siglo de las revoluciones y las repúblicas, implantó el liberalismo, la democracia y trajo después el socialismo y el comunismo. ¿ Puede existir un liberalismo nacional o un capitalismo social ?. Entonces como es posible que la República, obra predilecta de la masonería y de los enemigos de España, se transforme en deseable porque se le agreguen los adjetivos nacional y social.

La dinastía borbónica desde Carlos IV tiene una acreditada hoja de servicios en términos de desgobierno y decadencia para España, siempre dispuesta a ceder ante los enemigos internos y externos de nuestra nación con tal de garantizar su continuidad en el trono, pero pretender que sea una República quien la sustituya sería cambiar a los siervos del mal por el mal institucionalizado. Ya pasó con la II República y volvería a suceder, en circunstancia que en lo referido a la unidad nacional, son ahora todavía más graves.

La República es hoy el caballo de Troya de los separatistas en las regiones de España en las que todavía podría surgir una reacción  que haga frente a la desmembración. Tan es así que quienes promueven la República y alientan las movilizaciones ciudadanas, Izquierda Unida y Podemos, han dejado claro su posicionamiento a favor de la independencia de Cataluña y Vascongadas y a la desaparición de lo que queda del estado español, reemplazado según aspiran por una suerte de federación de república ibéricas. Todo el discurso a favor de la República está al servicio de la ruptura de España, y es precisamente ese y no otro es su cometido.

Desde posiciones nacionales no cabe transformar el discurso español y patriota, en un discurso republicano y populista. Eso sería más que un error en estas circunstancias, sería una traición de la misma naturaleza que la que cometieron aquellos españoles que se pusieron al servicio de Napoleón porque pensaban que así regenerarían la nación.

El republicanismo no pertenece al acerbo de nuestras tradiciones políticas, por el contrario es un elemento substantivo en el ordenamiento político al que aspiran nuestros enemigos. En la actual encrucijada de España, la República que quieren traer está al servicio del separatismo, será la marioneta en la que pretenden convertir lo que todavía queda de España. Conviene pues no participar en la tramoya del republicanismo. Quien lo haga, habrá asumido el papel de un renegado al que además no le cederán sitio para participar.

Entre el Borbón y la República, guardad la formación porque tras ellos está el separatismo y como dice el Eclesiastés: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”. También nosotros tendremos nuestra hora, será la hora de España.

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Obviamente no me interesa lo más mínimo si Ucrania entra o no en la Unión Europea, si fuera alemán me encantaría la idea. Y si fuera ucraniano estaría esperanzado, mejor con los germanos que con los rusos. Y con toda certeza si fuera de Crimea estaría a favor de Rusia, sin matices porque me sentiría un ruso del sur que sabe que Ucrania debe ser una región de Rusia: recordaría a León Tolstói vestido de uniforme defendiendo Sebastopol de los occidentales, siempre dispuestos a colonizar la sagrada nación eslava.

Pero no es el caso, soy español y lo que me ha interesado es comprobar la fuerza del nacionalismo para derrocar un régimen y dar un vuelco completo a la política, para hacerlo incluso desde una posición de debilidad frente un gobierno que contaba con el apoyo de la fuerzas armadas de su país y de Rusia. Los opositores ni si quiera poseían apoyos internacionales. Ucrania no es un pieza del “gran juego” que los americanos y no digamos los europeos, disputen a la nueva Rusia de Putin. No es un área geoestratégica clave para el amo americano. Ni para Israel. Quien ha derrocado al gobierno pro-ruso han sido los nacionalistas ucranianos, que primero tomaron Kiev y luego durante meses han sido capaces de hacerse fuertes y resistir de trinchera en trinchera, disputando cada calle y cada metro cuadrado de la plaza de Maiden a las fuerzas policiales del régimen pro-ruso. En una guerra en la que empezaron peleando con palos y piedras contra los antidisturbios y en la que los últimos días con las botellas de gasolina y las armas de caza se enfrentaban a los AK y las tanquetas de la fuerzas de seguridad. Han sufrido centenares de muertos y miles de heridos, pero los nacionalistas ucranianos han ganado esta guerra.

Mientras esto ha sucedido en Ucrania, el nacionalismo catalán y el nacionalismo vasco continúan avanzando hacia la independencia, sin tener que levantar una barricada, sin tener que pedir ningún sacrificio a sus militantes y sin tener que hacer frente a la policía o la guardia civil.

Tampoco aquí hay patriotas, civiles dispuestos a pelear por su nación, nadie va levantar en una calle una trinchera para defender España, ni en Barcelona, ni en Bilbao, ni si quiera en Madrid. Y ni la policía, ni la guardia civil, ni el ejercito van a recibir orden alguna para impedir la secesión de Cataluña y Vascongadas; y además los militares están de acuerdo en no hacer nada, ante todo son demócratas.

El pueblo español desconoce el nacionalismo, es un pueblo educado en el desprecio a si mismo, eso es lo que quería la izquierda y la derecha, pero también la monarquía y la Iglesia. Aquí sólo creen en su nación los separatistas, aunque sean naciones inventadas que nunca han existido y que se incorporaran al mapa universal de los microestados marginales. La ETA y los Pujol van a lograr la independencia de Euskadi y de Cataluña y eso supondrá el fin de nuestra nación. Pero no ha sido ni el terrorismo de ETA ni el chantaje económico del catalanismo quienes han acabado con España, ha sido la ausencia de patriotismo de nuestro pueblo, su antinacionalismo de “si mismo”. Sin nacionalistas la supervivencia de una nación es muy difícil cuando debe responder a un desafío separatista como al que se enfrenta España. Por eso me ha interesado la rebelión de los nacionalistas ucranianos y por eso me resultan tan admirables.

Blas 26-1-03

La destitución de Pedro J. Ramírez ha llenado portadas de prensa y ha sido asunto principal en las cadenas de radio y televisión durante estos últimos días. El periodista siempre ha presumido de moderno, de demócrata sin mácula, de defensor incontestable de la libertad, de genio del periodismo. En realidad es un tipo repulsivamente presumido, más presumido todavía que intrigante, que ya es decir. Por contra el fallecimiento de Blas Piñar a penas ha tenido eco en los medios con excepciones. En el lado del bien,  la emocionada y noble despedida de Utrera Molina en las páginas del ABC. En el lado del mal,  la baba repugnante que perpetró el diario El Mundo y redactó Victoria Prego. Al día siguiente los principales accionistas de Unión Editorial le comunicaban a Pedro J. Ramírez que estaba cesado. No creo que en la mente de ninguno de los dueños del Mundo pesara esa última infamia del director del periódico, no ciertamente. Pero está sincronía de los hechos si es significativa, tras insultar por escrito a Blas Piñar al día siguiente de su muerte Pedro J. Ramirez es destituido. Los hombres deciden poco, decide Dios. Seguir leyendo »

Ha sido el Sistema.

bbq

Seré breve. Lo prometo y lo voy cumplir. No es mucho lo que tengo que decir, aunque creo que es importante porque es verdad. Me acojo a José Antonio, ya que hoy es veintinueve de octubre y asumo su recomendación del laconismo militar en este caso al escribir.

Estos días de nuevo las victimas de ETA se revuelven ante la amnistía del gobierno del PP que va a liberar centenares de terroristas sin cumplir sus condenas por obra y gracia de lo que ha sido un artera maniobra preparada hace años por los socialistas en el tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y asumida de forma vergonzante por la derechistas: la anulación de la doctrina Parot. Que nadie se llame engaño todo esto no es más que una amnistía para ETA, otra más; la excusa la han encontrado en el Tribunal de Estrasburgo sino hubieran ido buscarla en el tribunal de la Haya o en la ONU, lo jurídico aquí es irrelevante.

Pues bien ante las tímidas reacciones de la victimas desde el gobierno de derechas, desde las filas socialistas y desde todos los medios de comunicación se acusa a las victimas de alinearse con posiciones de la “extrema derecha”. En esto están los dirigentes de las organizaciones de victimas, muy especialmente la AVT, que ya han manifestado su preocupación porque las victimas asuman como suya la crítica al gobierno de la grupo radicales.

La terrible verdad que las victimas deberían atreverse a afrontar es que ETA es parte del Sistema, que a sus familiares, mas allá de que un comando terrorista cometiera el acto material del crimen, quien verdaderamente los ha asesinado es el Sistema, porque ETA es parte del Sistema, de la llamada Democracia.

Porque ETA es parte del Sistema todos los gobiernos, socialistas o de derechas, han negociado con ETA. Porque ETA es parte del Sistema ningún gobierno ha hecho lo necesario para aniquilar a ETA. Porque ETA es parte del Sistema, el Sistema no quiere bajo ningún concepto que ETA acabe derrotada. Porque ETA es parte del Sistema hubo durante la transición sucesivas amnistías y hay ahora una nueva amnistía al suprimirse la doctrina Parot. Porque ETA es parte del Sistema los otros partidos mantienen negociaciones políticas con ETA y su entorno. Porque ETA es parte del Sistema se tolera que gobierne en ayuntamientos, en las diputaciones forales, en las comunidades autónomas de Vascongadas y Navarra. Sí, ETA es parte del Sistema.

ETA es parte del Sistema y por eso el Sistema le dice estos estos días a las victimas que si se revelan contra la nueva amnistía de terroristas, las víctimas no sólo serán los derrotados, ya lo son, sino que se quedarán fuera del Sistema, serán de “extrema derecha”. Con ese apelativo estúpido de “extrema derecha”, mantiene el Sistema cercados, marginados, aislados y vigilados policialmente a patriotas, falangistas, franquistas, nacionalrevolucionarios, fascistas sin más. Es un mal lugar, estar aquí no tiene ninguna ventaja. Aunque al menos para las victimas de ETA la ventaja de quedarse fuera, convertirse en “extrema derecha”, es no participar en un Sistema donde los etarras son los vencedores y ellos los vencidos.

Sabemos que para Ángeles Pedraza o la hermana de Miguel Angel Blanca el Sistema está por encima de la dignidad de sus familiares asesinados, por encima de la derrota de ETA y su proyecto separatista, por encima de la dignidad de España. No es el caso de todas la victimas, afortunadamente. Espero que cada día sean más las victimas de ETA que rechazan el Sistema.

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